“Quiero ir a mediación”

Publicado en inter-mediación

“Quiero ir a mediación”
09.12.2008

JAVIER VALERO LLORCA Y JUAN BARAT  TREJO

Eran las 9 de una fría mañana de otoño. Como la mayoría de los días, tras dejar a mis hijos en la escuela, fui al bar de siempre a tomar mi segundo café del día. Las otras madres no habían podido quedarse. Al estar sola, mi mente se dirigió de inmediato a los problemas de mi matrimonio. Aunque mi decisión de terminar la relación ya era definitiva, se me hacía un mundo todo el papeleo, los abogados, el juzgado.

Y en esas estaba cuando de repente escuché por casualidad a dos padres que como yo se tomaban el café tras dejar a sus hijos. Uno de ellos le hablaba al otro de la mediación familiar como forma voluntaria y pacífica de resolver la ruptura de la pareja, que tenía muchísimas ventajas y que se estaba practicando con éxito en varias comunidades autónomas españolas. Y de inmediato esas palabras captaron mi atención y me concentré en escuchar su conversación.

Quien hablaba tenía unos cuarenta años, transmitía confianza, y le decía a su acompañante que, aunque era abogado, estaba convencido de que la mediación era buena para las parejas porque los acuerdos que obligatoriamente deben alcanzar por así exigirlo la ley los negocian entre ellos, “nadie sabe más sobre sus propias vidas que ellos mismos”. Decía que el mediador es un profesional neutral e imparcial cuya función principal es facilitar la comunicación, el respeto y el equilibrio necesario a la pareja para que puedan negociar los mejores acuerdos posibles, aquellos en los que salgan ganando tanto ellos como sus hijos, sin que nadie pierda o ceda. No me lo podía creer, era la solución perfecta para mi situación, de ser cierta.

En cuanto llegué a casa encendí mi portátil, entré en internet y tecleé en el Google las palabras “Mediación Familiar”. Y un mundo nuevo apareció ante mis ojos. Había infinidad de páginas donde entrar, tanto de España como del resto del mundo.

Por lo que pude entender, la mediación es un proceso confidencial que se desarrolla en varias sesiones de hora y media aproximadamente (una por semana) que se celebran en el despacho profesional del mediador, y está regulada por ley. El acuerdo que alcanzan las partes se plasma en un documento, el “Acuerdo de Mediación”, que servirá de convenio regulador en la demanda que posteriormente se presenta en el juzgado ya que es obligatoria la homologación de los acuerdos por el juez.

Y sobre todas las cosas, lo más interesante que pude leer fue que el proceso de mediación, frente a otras formas de resolver los conflictos, tiene muchas ventajas: ahorra tiempo (dura menos de dos meses), ahorra dinero (evita gastos futuros), es efectiva (los acuerdos se cumplen en un 85%), es flexible (se acomoda a las circunstancias de las partes), preserva la intimidad (es confidencial), reduce hostilidad entre las partes (detiene la escalada del conflicto) y mejora su autoestima (aprenden a negociar).

Hablaré con mi marido. Tenemos que ir a mediación. Necesitamos un futuro en paz.

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