Donato Larrañaga Arruti:”el juez de paz debe ser el hombre de confianza de su pueblo”

Publicado en el Diario Vasco el lunes 31 de agosto

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Su labor de mediador es básica en los pequeños conflictos de los vecinos o para arreglar sus asuntos urgentes

Lide Agirre
Juez de Paz por vocación y músico por pasión, Donato Larrañaga Arruti se considera, ante todo, un hombre con el que el pueblo de Hernani, donde ejerce, puede contar para resolver todo aquello que esté en su mano. Presidente de la Asociación de Jueces de Paz de Euskadi-Epaile Artean y de la Federación Estatal de Gestión de Asociaciones de Jueces de Paz, este zarauztarra residente en Errenteria despacha los trámites de los hernaniarras en un austero y acogedor despacho al lado de una sala de juicios, donde oficia desde bodas hasta cuitas entre vecinos. «Quiero que la gente sepa que los jueces de paz estamos aquí para arreglar sus asuntos», apunta.
– ¿Quiénes son los jueces de paz?
– Son hombres del pueblo, profesores, jubilados… Personas que desarrollan funciones jurisdiccionales e integran el Poder Judicial, elegidos por los Ayuntamientos y nombrados por los Tribunales Superiores de Justicia. Y, sobre todo, personas que intentan resolver los problemas de sus vecinos.
– Dice que el trabajo de juez de paz es vocacional.
– Al menos en mi caso. Pero entiendo que ha de ser así para la mayoría, ya que el juez de paz, a pesar del gran volumen de trabajo que maneja, no cobra ningún sueldo, sólo una indemnización simbólica.
– Los asuntos de los vecinos que se trae entre manos son…
– Temas civiles, sobre todo. Inscripciones de nacimiento, certificados, notificaciones y resolución de asuntos entre vecinos de pequeñas cuantías. Y en lo penal, casos leves de amenazas, coacciones, injurias… Prestamos auxilio judicial en todos los órdenes. Cumplimentamos infinidad de exhortos, o lo que es lo mismo, notificaciones por encargo de otros juzgados.
– ¿Cómo se forman para desempeñar su trabajo?
– A través de unas jornadas de formación organizadas por la consejería de Justicia del Gobierno Vasco. Son unos cursos anuales en cada provincia.
– Aún así demandan más formación.
– Sobre todo en materia civil. Es importantísimo que no nos quedemos atrasados con las novedades que surgen en los temas que tratamos.
– Destaca que el Juez de Paz debe ser una persona cercana a los vecinos del pueblo.
– Sí. Estimo que somos el primer escalón de la Justicia y la figura del juez de paz, la más cercana a las personas.
– ¿Y cómo se acerca a la gente?
– Yo a Hernani llegué hace cuatro meses y no conocía a los vecinos, así que presenté una carta a través de la página web del ayuntamiento para presentarme.
– ¿Qué les decía a los vecinos en su carta?
– Les mostraba quién soy, con quién hablan cuando se acercan al juzgado de paz, qué hago, a qué me he dedicado… Claro, yo llego a Hernani y nadie me conoce y voy a tener que tratar sus asuntos.
– Porque además también celebra bodas.
– Sí, les doy un tratamiento especial. La boda en un juzgado es meramente un contrato, por lo que hay quien viene aquí y se puede sentir muy frío. Trato de huir de eso y lo primero que hago es recibir y despedir con música a lo contrayentes. Es algo que gusta mucho, relaja, distiende…
– Afirma que al juez de paz le preocupa lo que ocurre en el pueblo.
– Sí. Y tratar que la mayoría de los temas, en lo posible, no se judicialicen. Intentar alcanzar acuerdos con la gente en discordia y llegar a ser la persona de confianza del pueblo a la hora de la toma decisiones.
– Media entre los vecinos en los juicios.
– Normalmente se trata de asuntos muy leves, y hay que tratar que la gente se entienda.
– ¿Y lo hacen?
– He observado que cuando las dos partes enfrentadas se expresan, al final una de las preguntas es: ‘¿Usted quiere que se le castigue al denunciado y con qué? Generalmente el denunciante se echa un poco para atrás si la otra parte ha reconocido su falta. Y te dicen que eso era lo que querían, el reconocimiento.
– Es un trabajo absorbente.
– Sí, te tiene que gustar. Además, como digo en la carta a Hernani, siempre estoy dispuesto a atender en cualquier momento a la gente. Una de las cosas que me fijé cuando llegué es que suele haber mucha gente que viene al pueblo del caserío. Lo primero que hice fue preguntar cuándo se celebraba la feria, cuándo baja el casero al pueblo, porque estoy seguro que tendrán algunos asuntos a la espera de dirimirse o saber cómo hacerlo, y quería invitarles a que si alguna vez es así que bajen tranquilamente, que las puertas de este juzgado estén abiertas.
– ¿Cómo se decidió a ser juez de paz?
– Me eligieron para ese cargo en Errenteria, donde vivo, hace 19 años. Era muy conocido y a la vez trataba con muchas gente. Estaba vinculado con el tema cultural y deportivo del pueblo. Después de que me lo pidieran tres veces, acepté. Empecé a conocer por dentro qué era ser juez de paz, a formarme, y no sólo me gustó, sino que me enamoré de esta labor. De tal manera que aquí sigo, cada vez más implicado, tanto que hoy en día prácticamente dedico todas las horas del día al desempeño de los cargos que ostento. Tengo mucha suerte, porque además, hacer todo lo que me gusta ha sido posible gracias a mi familia, que me ha apoyado y, sobre todo, entendido.
– ¿Cuántos jueces de paz hay en Euskadi?
-Alrededor de 250, y en el Estado sobre 8.000.
– Son muchos.
– Por eso yo creo que debíamos tener una representación en el Consejo General del Poder Judicial, al que además pertenecemos. Hablan de nosotros pero ‘a oído’, porque no figura ningún juez de paz en el organismo a pesar de que somos los únicos que podemos constatar cómo es nuestro día a día. ¿Qué ocurriría si dejáramos de hacer nuestro trabajo? ¡Habría un parón absoluto! Tal es el volumen de asuntos que manejamos.
– El Poder Judicial propone desviar a los jueces de paz en torno a un millón de causas leves para aliviar los atascos en los juzgados.
– Me entró terror al escucharlo, porque hay que estar preparado para realizar ese tipo de trabajo, es necesaria más formación. Me parece extraño que hablen de justicia de paz con otras personas sin hablar con nosotros, cuando somos los que tenemos la información de primera mano y estamos deseando que las cosas se hagan bien y cada día mejor. La propuesta del Poder Judicial es positiva, pero ni él ni el Ministerio de Justicia nos han convocado para conocer nuestras propuestas y recoger nuestras aportaciones «de primera mano». No nos importa trabajar más, pero pedimos más formación y que se modifique el procedimiento de selección de jueces de paz, porque no estamos de acuerdo con el capricho del grupo político del momento.
– ¿Y van a hacer algo al respecto?
– Estamos tramitando una entrevista con el ministro de Justicia, Francisco Caamaño, para hablar de las cosas que necesitamos.

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